Mateo está estudiando artesanía. Su escuela lo mandó a hacer unas prácticas vacacionales en una vidriería artística.

El primer día le asignaron el trabajo con el cristal desmenuzado que, como sabemos, es la materia prima en el proceso de función de vidrio. Equipado con gruesos guantes protectores, todo el día tenía que romper botellas, obviamente, las que estaban danadas y no servían ya para nada.
- Aquí, en estas cajas, hay 5000 botellas. Si las rompes a todas, echando después el vidrio al contenedor, antes de que termine la jornada de trabajo, podrás irte a casa más temprano. - Dijo el maestro y le dio un martillo a Mateo.
Mateo, que era un chico muy práctico, miro el reloj y, para probar, sacó unas botellas de la caja; las rompía una tras otras y echaba el vidrio en el contenedor. Resultó que, durante un minuto, pudo romper 12 botellas. “A este ritmo -pensó, haciendo un rápido cálculo en su cabeza - no me va a alcanzar la jornada para romper todas estas botellas. Hay que inventar otra forma de romperlas, no con el martillo”.
Mateo estuvo pensando mucho y, por fin, inventó como hacer el trabajo dos veces más rápido. Sacaba dos botellas de la caja, las cogía por los cuellos y golpeaba fuertemente una con otra.
Pregunta: Calculad cuánto tiempo va a necesitar Mateo para romper todas las botellas.