La velada de conocerse
Ya que todos están, vendría bien conocerse un poco y la primera noche será perfecta para eso.
Se puedes escuchar muchas palabras de crítica a la hora de memorizar 20-30 nombres en una hora. El argumento básico es que “igual no se pueden recordar esos nombres”. Es difícil negar este argumento. Sin embargo, quiero convenceros que la memorización de los nombres tiene sentido y, es más, es muy significativo. Soy historiador, así que primero voy a usar un argumento del mundo de la tradición. La revelación del nombre era equivalente a entregarse a la dependencia de alguien (no necesariamente mala). El nombre era el símbolo del más secreto YO. Quiero también que hagáis un pequeño experimento. Cuando conozcáis a alguien, empezad la conversación sin presentarse. ¿No os sentís incómodos después de unos minutos? O cuando os olvidáis del nombre de alguien que se os había presentado y lo volvéis a encontrar. EL nombre sigue teniendo en sí algo íntimo del mundo de su dueño.
El juego que quiero proponer es el siguiente: Nos sentamos en un círculo, sorteamos la primera persona que dice su nombre, la próxima a la izquierda dice el nombre de su predecesor y el suyo, la próximo dice los nombres de las dos de antes, etc. Las primeras risas aparecen cuando los participantes se dan cuenta de qué se trata (sobre todo los últimos).El juego está buenísimo. Normalmente resulta que todos en la sala se llaman Ana, Jesús y Pedro. Al final, podemos hacer que jueguen de nuevo los del principio que, contentos de su tarea fácil, animaban a los demás. Por supuesto, no podremos recordar todos los nombres, pero un 20-30% seguro. El juego dura unos 20-30 min, dependiendo del número de personas.
Si tenemos más tiempo, podemos continuar nuestro juego de conocerse. Después de unos 10-15 min de algún juego motriz, volvemos a sentarnos en círculo, repartimos hojas de papel y algo pasa escribir. Cada uno tiene que escribir en su hoja varios rasgos propios: altura, color de pelo, color de los ojos y lo máximo sobre sus aficiones (la lista se puede ampliar pero no demasiado). Luego, recogemos las hojas, las mezclamos y le damos una a cada uno de los participantes. Ahora la tarea consiste en adivinar de quién es la hoja sorteada. Lo hacemos por turno. El que adivina se levanta, lee en voz alta lo que está escrito en su hoja y trata de señalar de quién se trata; tiene tres oportunidades. Es importa no decir: “Es ella”, sino usar el nombre. Hay un conductor del juego que está vigilando lo que se dice (se trata de sólo de recordar, no de amonestar). Es curiosa cómo la gente define el color de su pelo. Es muchos casos lo que dicen refleja más bien sus deseos que la realidad (rubias morenas y ese tipo de cosas). En fin, es sólo un juego.